Damián Ruiz - Barcelona (España) - info@ipitia.com - www.comprendernos.com

¿Es el fanatismo un trastorno obsesivo?

Vivimos en una época de fanatismos: religiosos, nacionales, idólatras y deportivos.

El mundo civilizado ha sufrido durante siglos todo un proceso severo de domesticación de las pulsiones primarias para alcanzar un nivel de desarrollo cultural y social extraordinario.

El problema es que la civilización está en riesgo debido fundamentalmente a dos aspectos clave: el fanatismo de una y otra índole, interno y externo, y la propia neurosis social que padecemos el colectivo de ciudadanos occidentales.

El fanatismo, inoculado por la pedagogía del odio, acaba ocupando una buena parte del espacio psíquico de los individuos que lo profesan, de tal modo que estos viven por y para la causa, confundiéndose con ella en una especie de simbiosis delirante donde el Yo deja de existir para ser solamente un elemento de dicha causa.

La civilización en cambio requiere de sociedades con instituciones fuertes e individuos libres, algo contrario al gregarismo compulsivo y a la falta de leyes garantistas propias de cualquier tipo de sociedad fanática.

Es por eso que, en la línea de mi teoría y trabajo terapéutico con el trastorno obsesivo, considero que cuando un individuo trasciende su Ser de forma irracional e impulsiva para convertirse en un fanático religioso, nacionalista, deportivo o seguidor de un cantante de moda bien podemos decir que estaría atrapado en una obsesión patológica.

Y el gran problema colectivo que tenemos es que ante todo tipo de fanatismos las sociedades libres, cuya libertad, repito, costó siglos de avances y luchas, -y en plena decadencia social como estamos-, entran en la duda paralizante, en la gestión puritana e incapaz de hacer frente a las consecuencias de dicho fanatismo.

La civilización debe enervarse, masculinizarse psíquicamente como colectivo, y atreverse a vivir no en la miseria solitaria como cada vez ocurre con más individuos, sino en los sentimientos de pertenencia, de identidad, de comunidad y solidaridad que nunca debimos perder.

Demasiados hombres y mujeres a lo largo de los siglos sufrieron para hacer de Occidente un espacio de libertad y progreso. Su memoria debe ser nuestra fuerza.

Damián Ruiz

Psicólogo y Analista junguiano

www.ipitia.com

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


siete + = diez

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>