Damián Ruiz - Barcelona (España) - info@ipitia.com - www.comprendernos.com

La masculinidad

Con este tema iniciamos en el IPITIA | Instituto Psicológico Internacional de Barcelona) las charlas-coloquio mensuales.
¿Por qué este tema?
Considero que es necesario revisar el papel de la masculinidad hoy en día, tan absolutamente fustigado por un igualitarismo mal entendido y que obliga a una gran mayoría de hombres, jóvenes y no tan jóvenes, a adoptar un rol asumible por la sociedad de lo políticamente correcto.
Y es que si bien es cierto que el hombre puede y debe, por ejemplo, compartir las tareas del hogar, lo que no puede es cambiar de género, por mucho que las “Conchitas Wurst” de turno se empeñen. El género no es una opción ni una elección sino que está directamente identificado con el sexo, a no ser que jugando, jugando, uno quiera incurrir en una profunda neurosis, y se empeña mucho llegar a una escisión de la realidad.
Porque se puede ser masculino y heterosexual, masculino y homosexual, lo que no se puede ser es una imitación de la mujer (a no ser por cuestiones genéticas), porque eso o es enfermizo desde una perspectiva psicológica o bien se ha sufrido una castración psíquica de gran envergadura.
Y hoy nos encontramos que a base del furibundo igualitarismo feminista, en cuanto a roles se refiere, la mayoría de los hombres se convierten en “niños simplones” con poco espíritu comunitario, con poca pasión social y dedicados a contentar exclusivamente las exigencias familiares.
Un hombre además de ser marido y padre tiene que, debe de, ser individuo, debe existir como “ser social” y debe ser capaz de tener amigos. De lo contrario su espíritu es el de un buey, limitado a seguir pasivamente un engranaje que le lleva a un futuro de hastío y deterioro personal.
Si el prototipo de masculinidad clásica era el del tosco machista, el de hoy empieza a ser el de apéndice de la pareja, asumiendo todos los valores femeninos que se están imponiendo en la sociedad, por ejemplo uno de los más peligrosos: convertir a los hijos en centro del cosmos o, por el contrario, directamente abandonarlos porque no se soporta la “prisión” familiar que uno, por debilidad, ha constituido.
También es curioso que muchos movimientos sociales de extrema izquierda se llamen a sí mismos en femenino. No hace mucho he visto una pancarta por televisión en la que se leía “Todas en lucha” y sujetándolo un grupo de jóvenes varones. Y es que la estupidez igualitarista está siendo llevada a tal extremo que puede hacer que lo reivindicativo acabe siendo de un surrealismo hilarante.
En definitiva, alejándonos completamente del machismo ramplón, hemos de construir una masculinidad mucho más viril a nivel psíquico, menos sumisa a las demandas de las mujeres y más determinada en su determinación vital.
O eso o la condena biológica que supone actuar en función de expectativas que, mientras para las chicas son normales, para los hombres suponen todo un sacrificio.
Damián Ruiz
Jueves, 19 de Junio, 20.30 h.
Charla-coloquio abierta y gratuita en el IPITIA www.ipitia.com

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