Damián Ruiz - Barcelona (España) - info@ipitia.com - www.comprendernos.com

La tontería como enfoque de vida

La vida te toma en serio si tú también te la tomas a ella.

Conozco a tantas personas, y por supuesto no me refiero a ninguno de mis pacientes, que actúan desde el más absoluto atolondramiento emocional, profesional, laboral o social, que cinco minutos después de que hayan decidido emprender algo uno ya sabe que van a fracasar. El problema es que, obcecados como están de que eso sí saldrá bien, normalmente por un grandioso auto-concepto, por una corazonada, por una pulsión romántica adolescente o por cualquier otra motivación surgida más de las gónadas o del hipotálamo que de la mínima racionalidad siguen adelante sin nada que les haga reflexionar.

A veces cuando uno podría intervenir advirtiendo de la absoluta tontería, la estupidez de los asuntos en los que determinada persona está atrapada, queda refrenado porque ninguna opinión sensata puede aparecer en ese momento bajo amenaza de distanciamiento.

El mundo es un gran circo donde la serenidad te puede convertir en espectador de los monos de feria que dan saltos de toda índole sin finalmente llegar a ninguna parte más que al bucle construido sobre los mismos errores repetidos una y otra vez.

Y mientras observas las “monadas” con absoluto respeto, no sea que se te vayan a ofender los monos, puedes seguir trazando tu camino y avanzado en esa conjunción de emoción, pasión y razón que permite alcanzar objetivos y seguir un sendero que, sino alejado de dificultades, al menos no es un barrizal peligroso que acaba donde empezó.

Si eres una persona cabal sabrás la de paciencia que hay que tener con los adultos-adolescentes, todo el día metiéndose en berenjenales, ante los que tú debes adoptar una actitud condescendiente y colaboradora.

Luego todo lo achacan a la mala suerte, siempre tienen mala suerte: en el amor, en la profesión, en los negocios, en todo. ¡Vaya, la vida conspira contra ellos!

Si dedicaran cinco minutos a la sensatez, a pensar un poquito, ya sabrían que no es que tengan mala suerte. Es que viven en la tontería permanente. Y a veces los monos también aburren.

Damián Ruiz

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