Damián Ruiz - Barcelona (España) - info@ipitia.com - www.comprendernos.com

Psicología y Política

Me suelen recomendar, tanto mi esposa como miembros del equipo, que no escriba nada sobre política. Y procuro contenerme todo lo que puedo. Pero no porque tenga la necesidad de proclamar a los cuatro vientos mi ideología, que además puede evolucionar en función de los acontecimientos.

Lo que no aguanto es la necesidad que tienen algunas personas de considerar que lo que ellos piensan es la verdad absoluta y por tanto, al mínimo atisbo de crítica o de diferencia, ya se molestan. Y eso pasa cuando la democracia no está interiorizada, cuando la libertad de pensamiento solo se la aplican a ellos y no es válida para los demás.

Decía Voltaire que daría su vida para poder defender la libertad de expresión de los que no piensan como él. Idea que comparto completamente. Pero esto que debería ser la norma acaba siendo la excepción.

Y es que el pensamiento único de regímenes aparentemente democráticos lleva al silencio de una gran parte de la ciudadanía, a los que no les queda más remedio que pasar desapercibidos haciendo de figuritas de decorado mientras que los que concuerdan con ese pensamiento son los miembros activos de la sociedad, los que la disiguritas de decorado mientras que los que concuerdan con ese pensamiento son losfrutan y se benefician de ella. Los otros pululan sin tener más función social que la de la mera productividad y la invisibilidad aquiescente.

Per ser un miembro invisible de la sociedad porque no te mueves acorde con el régimen tiene sus consecuencias, especialmente para todas aquellas personas que no tienen los medios económicos o culturales para establecer su propia comunidad de intereses más allá de su familia. El régimen les obliga a militar en el pensamiento único o a no existir. Y eso merma su autoestima y su capacidad de evolución.

La ciudadanía libre y respetuosa con las leyes acordadas entre todos debe ser considerada, sin excepción, sea como sea, de primer nivel. Todo dogmatismo, fanatismo o radicalismo es enemigo de la concordia y de la creación de una civilización fuerte y sólida.

La sociedad abierta tiene sus enemigos externos, claramente identificados, y también internos, estos más ambiguos y que bajo la apariencia de “movimientos” populistas, comunistas o fascistas pretenden socavar los derechos de las personas a pensar libremente, a prosperar económicamente o a sentir lo que mejor consideren para expresar la vida con pasión.

Por eso las sociedades abiertas tienen que armarse de una firmeza sin fisuras y sin concesiones porque está en juego no solo la civilización sino también el propio psiquismo de sus habitantes.

Damián Ruiz

Psicólogo y Analista Junguiano

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